Hijos míos, gracias por estar unidos en la oración y gracias por acoger Mi llamado en vuestros corazones.
Hijos míos, Me duele ver lo que os espera.
Hijos míos, solo a través de la fe podréis soportarlo todo. Ya estáis en los tiempos de la tribulación, pero esto aún no es nada.
Hijos míos, la guerra se acerca cada vez más: si no sois fuertes en la fe y no agarráis Mis manos, ¿cómo sobreviviréis?
El demonio parece fortalecerse y cree que ganará, pero Yo aplastaré su cabeza y protegeré a Mis hijos.
Yo soy vuestra Arca, y quiero que subáis a bordo para que podáis ser llevados a un puerto seguro.
Ahora os dejo con Mi bendición materna, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Reflexión sobre el Mensaje:
Nuestra Señora continúa instruyéndonos en el camino de la conversión, hablándonos de la importancia de la fe.
La fe es el escudo, el arma interior y la virtud fundamental con la que debemos enfrentar las tribulaciones; es la fuerza que vence la duda y el miedo en los tiempos de prueba.
Sin fe, las pruebas aplastan a la persona y la llevan a la rebelión o a la desesperación. Cuando, por otro lado, la tribulación se soporta con una fe viva arraigada en el amor de Cristo, “toda carga se vuelve ligera” y el sufrimiento adquiere un valor eterno y sobrenatural.
La fe es lo que permite al alma confiar en Dios incluso cuando el futuro es oscuro o aterrador.
Donde existe el orgullo o la arrogancia, sin embargo, la fe se desmorona ante la primera señal de dificultad, porque el hombre confía solo en los medios materiales o en su propia fuerza, presumiendo ser autosuficiente, explicarlo todo a través de la razón y poder prescindir de un Dios que no puede ver.
Cuando lleguen los tiempos oscuros, recordemos estas palabras de Nuestra Señora, pues la fe no nos exime de las pruebas de la vida, sino que le da al alma la luz espiritual para evitar sucumbir a ellas.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org