Queridos hijos, María Inmaculada, Madre de todos los Pueblos, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Reina de los Ángeles, Auxilio de los Pequeños y Misericordiosa Madre de todos los hijos de la tierra, mirad, hijos, hoy Ella viene a vosotros para amaros y bendeciros.
Hijos, pueblos de la tierra, ¿no veis lo que está sucediendo en tantos lugares del mundo? Guerras, violencia, abuso, pueblos que no son libres y no pueden hablar, todo esto debería haceros entender la importancia de la unidad.
Ved, hijos, pero vuestras almas se buscan desesperadamente entre sí, ¡pero sois rígidos, demasiado asustados por lo que podría suceder! Sí, tenéis miedo de que algún hermano o hermana diga o haga algo malo, y esto os impide unirvos.
Ved, hijos, es normal tener miedo de todo esto, sois terrenales, pero eso no significa que debáis estar divididos, casi hasta el punto de no saludaros unos a otros. Si surge un problema con amor, se resolverá. Recordad que hablando suavemente entre vosotros, sin acusaros mutuamente, todo puede resolverse, y ¿sabéis por qué? Porque Dios está en vuestros corazones. Donde no hay deseo de resolución, es porque la puerta a Dios ha sido cerrada.
¡Vamos, liberad vuestras almas y dejad que se socialicen, y abrid vuestros corazones de par en par. No seáis duros con ellas. El alma no os pertenece; el alma le pertenece a Dios, y por eso quiere salir y socializarse, porque sabe que esto agrada a Dios. ¡El alma y Dios son uno! El alma os escucha, pero cuando balbuceáis cosas malas, Ella se retira y siempre permanece en las Cosas de Dios.
Vuelvan a leer este mensaje mío varias veces; es bueno para sus mentes y corazones, y sobre todo, ayuden a sus almas a irse, déjenlas ser libres, y mientras tanto, ¡permanezcan acogedores!
¡Esto es lo que desea Dios Padre!
ALABANZA AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO.
Hijos, Madre María los ha visto a todos y amado a todos desde lo más profundo de Su Corazón.
Los bendigo.
OREN, OREN, OREN!
LA MADONNA ESTABA VESTIDA DE BLANCO CON UN MANTO AZUL, LLEVABA UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS EN SU CABEZA, Y BAJO SUS PIES ESTABAN LOS NIÑOS QUE HABLABAN ENTRE SÍ.
Fuente: ➥ www.MadonnaDellaRoccia.com